¿Vivimos en una sociedad compleja?

Cuando decimos que algo es “complejo”, señalamos que hay cosas que no podemos explicar, que algunas veces no podemos abrir todas las puertas de lo que parece incomprensible. Nuestra mente navega constantemente entre la certeza y la incertidumbre. Por eso, existe algo que se llama “pensamiento complejo”, que se atreve a entender el mundo más allá de las verdades absolutas.

El pensamiento complejo nos reta a estudiar el mundo, la sociedad y a los individuos como una totalidad, como un sistema en el que cada uno de sus elementos interactua constantemente compartiendo un espacio, un lenguaje, una cultura y unas normas. La  condición humana fluctúa entre las relaciones que se tejen entre los individuos y la relación que establece la sociedad con ellos. En ese sentido, el pensamiento complejo, nos sugiere evitar las fórmulas simples para comprender y explicar lo que ocurre alrededor nuestro y en nosotros.

Sobre la Epistemología de la Complejidad… El método científico clásico estudia los fenómenos como el resultado de un “orden” determinado de hechos. El pensamiento complejo, por el contrario, señala que en ese orden también puede responder a una serie de hechos aleatorios, desordenados, que pueden afectarse entre sí. Es decir, que puede suceder que un objeto tenga un comportamiento determinado ya sea porque lo hace en función de unas leyes naturales, matemáticas o físicas o porque al romper esas leyes produce un efecto. Lo más interesante es que hay complejidad cuando el orden y el desorden se combinan resultando fenómenos espontáneos. Y hay pensamiento complejo cuando se enfrenta la incertidumbre que produce el desorden, esa suma de hechos que no podemos explicar pero que están ahí para demostrarnos que no hay leyes que limiten el universo.

Entonces si hay objetos que no siguen las leyes naturales también hay individuos que  no restringen sus libertades. Como individuos podemos tener comportamientos inesperados que quienes nos rodean no pueden predecir. Somos susceptibles al cambio sin que eso afecte sustancialmente nuestra cotidianidad. Podemos “crear” posibilidades o “inventar” soluciones para hacer frente a cada cambio que se presente. Interpretamos la realidad de acuerdo a unas “estructuras mentales” que nos indican cómo organizar lo que vemos del exterior para encontrarle sentido. Nuestro cerebro “traduce” para nosotros todo lo que llega por nuestros ojos y “reconstruye” una representación del mundo. Somos sistemas formados de microsistemas biológicos y sociales que interpretamos el ecosistema que nos rodea.

No podemos seguir con la idea simplista que asume una verdad absoluta, todos somos y seguiremos siendo “una parte del todo“[1],  y por eso debemos construir “meta-puntos de vista” desde los que podamos observarnos a nosotros mismos para observar a otros.

El pensamiento complejo, abre un debate sobre la idea de que no se puede estudiar a un individuo sin poner en la balanza sus conocimientos y su espíritu, porque somos la suma de un sinnúmero de categorías sociales, biológicas, culturales, físicas y metafísicas que nos permiten diferenciarnos del resto de seres y objetos que existen en el planeta y eso nos hace aún más complejos. Por eso a diario, luchamos contra nuestras emociones, límites, pensamientos, sueños, sufrimientos y miedos.

Entre más se desarrolla la sociedad tecnológicamente se van cambiando las prioridades, unas prioridades que dependen de la agenda política, por eso la política es multidimensional: todos queremos participar y hacer de nuestros problemas un conflicto común. Pero seguimos siendo proteccionistas aun cuando las innumerables interconexiones que tenemos en el planeta nos muestran todos los días que cualquier decisión que se tome puede cambiar nuestro presente. Vivimos en la era de la incertidumbre!

“Todas las artes han producido maravillas, sólo el arte de gobernar no ha producido más que monstruos” – Saint-Just

Como sociedad actuamos de modos complejos y no somos capaces de pensar de manera compleja, porque podemos tener percepciones amplias o muy reducidas del mundo pero no podemos encontrar un punto medio y confiamos en nuestras verdades absolutas sobre las cosas.

Aún no estamos preparados para romper nuestros esquemas mentales tradicionales. Y más cuando apenas si entendemos que vivimos en un mundo global y que todo lo que pensamos y hacemos tiene implicaciones más allá de nuestras fronteras geográficas y mediáticas.

Entre más compleja es la sociedad más compleja se hace la política. Es decir, las crisis que vive el mundo hoy son una muestra de la inestabilidad de los sistemas sociales y pensar en adaptarnos a un nuevo cambio en la misma línea del pensamiento complejo significaría tal vez, dejar de etiquetarnos como socialistas, comunistas, capitalistas, postcapitalistas y hablar de una comunidad planetaria que puede referirse a sí misma más allá de unas dinámicas de poder.

Claro, vivimos en una sociedad compleja, que en el pasado aspiró a la perfección creando sistemas infalibles pero que aun no admite que no somos perfectos y que todo lo que construimos tampoco lo es.

[1] Así como lo ha enseñado la lógica clásica aristotélica.

Por: Janis Andrea Lozano @elecktracinco
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